No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar.

Salinas, P: La voz a ti debida, 1933


domingo, 22 de marzo de 2026

LA MUJER EN TU NOMBRE


No parece posible titular este escrito con palabras distintas a las que Jesús Tejada usa para su nuevo libro de poemas. Ni parece mejor recomendación que la que me hace el autor al presentarme su poemario: Son unos "versos de amor afortunado". Y, en efecto, lo son tanto que para un lector cansado de los poetas digitales, los slam poetry y los cernudianos de poca monta, al empezar a leer el primer verso ya queda atrapado en una feliz madeja de poemas de amor.


Tras el prólogo de Inmaculada Moreno, aparece un poema premonitorio, más que introductorio: "Una mujer me habita de por vida". Y a partir de aquí se desgranan los versos agrupados en cuatro apartados: Los planes, Instantes como vida, Lo mejor y lo peor del día y La muerte y el eros.

En ellos recorre la cotidianidad y convierte lo habitual en sublime hablando de profesión, casa, viajes, fotos y recuerdos, satisfacción por ser el destinatario de la atención de la amada, su descripción, la infidelidad imposible, los besos primeros, su transformación en madre, amante y niña, las prácticas recomendadas para otros amantes (con menos suerte, añadiría yo), la renovación de un contrato, que en su caso es innecesario: "soy yo quien te ama"; la identificación de la amada con todo lo bello, con la perfección, con los defectos, las estaciones, la incomprensión por la grandeza de este amor, el cuerpo, el temor de la ausencia y todo para concluir que lo que se ha escrito se resume en ella, en "la mujer que eres tú, la mujer en tu nombre". 



Cada apartado se remata con un haiku, es decir, con esta composición que se ha normalizado en nuestra lengua y que, a veces, critican los puristas; serían "senryus" quizás, porque aunque falte la conexión con la naturaleza difícil en nuestro idioma por no poseer las palabras "kigo", grandes autores han conseguido, no solo con el ajuste métrico que hemos aceptado como "moras", sino con su sensibilidad, acercarnos a esa emoción del instante que transmite el haiku verdadero: La vieja mano/ sigue trazando versos/ para el olvido, escribe Jorge Luis Borges. Y esto es lo que hace Jesús Tejada: 


Tan solo puedo 

incontrolablemente 

amarte a ti.


O este otro:

La muerte es cierta, 

pero el amor insiste 

y no le importa.


Este libro contiene versos que nos recuerdan los mejores aciertos de los autores consagrados, métrica impar casi siempre, perfectos endecasílabos, aroma y esencia de la poesía que es difícil describir con palabras. 


Malola, a quien va dedicado, se convierte en Laura, en Beatriz, en Fiammetta, la mujer única y capaz de resumir todas las aspiraciones, todas las virtudes y todo el amor, feliz y conseguido. Desde el comienzo, el recuerdo de Pedro Salinas es constante y no solo por el tema, realidad en este caso, mujer carnal y viva, sino por la intensidad y por la belleza.


José Luis Tejada, su padre y excelente poeta no del todo reconocido como se merece por su calidad, estaría orgulloso de ver cómo los buenos versos/ resisten a la muerte/ y a la memoria. Jesús lo consigue con sinceridad, delicadeza y maestría. Amor afortunado que nos reconcilia con el presente y con la mejor poesía de todos los tiempos. 

                                                                                sevillainfo.es, 22/03/2026

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